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Johann Wolfgang Goethe - Su vida y su obra


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Sus años iniciales | “Las tribulaciones del joven Werther” | En Weimar
Goethe, miembro de la masonería | El viaje a Italia | El retorno a Weimar
Su concepto de la educación | Su amistad con Schiller | En el ocaso de su vida
Significación de Goethe


Vida y obra de Johann Wolfgang Goethe


Johann Wolfgang Goethe, nació el 28 de agosto de 1749 en Frankfurt del Mein (Alemania) y falleció el 22 de marzo de 1832 en la ciudad alemana de Weimar, donde vivió la mayor parte de su vida.

De joven, estudió Derecho en la Universidad de Leipzig, entre 1765 y 1768, obteniendo el título de abogado. Allí inició su producción poética, siendo una de sus primeras obras “El capricho del enamorado” (1767), dedicada a una de sus primeras enamoradas.

Escribió asimismo una tragedia en verso, “Los cómplices” (1768). Contrajo entonces una enfermedad, que le determinó a regresar de Leipzig a Frankfurt.

Entre 1770 y 1771, se radicó en Estrasburgo, a fin de perfeccionar sus estudios de Derecho; que hizo extensivos a la química, la anatomía y el arte musical. En Estraburgo conoció al filósofo y crítico literario Johann Gottried von Herder que de inmediato se convirtió en el mentor de su poesía. Enamorado de Federica Brion, hija de un pastor luterano de Sesenheim, le dedicó un tipo de poesías pleno de naturalismo, en que se percibe una marcada diferencia con sus obras de la época de Leipzig; y ella fue inspiradora de sus futuros personajes femeninos.

Se dice que en 1770, cuando vivía en Estrasburgo y todavía trataba de iniciarse como escritor, guiado por Herder leyó por primera vez una obra de Shakespeare, lo que causó en él un enorme impacto; consideró que su lectura le había abierto los ojos a quien había permanecido ciego, y le mostró un camino dirigido a dar un nuevo contenido a su obra artística, tratando de imbuirla de las aspectos más profundos de la vida y la naturaleza. Asimismo, resolvió dejar de lado los conceptos clásicos del drama teatral francés, en particular las unidades de espacio, de tiempo y de acción.

En 1773 publicó su obra “Götz von Berlichingen ”, un drama caballeresco pleno de cambios escénicos y de saltos en sus momentos cronológicos, donde al estilo de Shakespeare - admirado entonces como el modelo supremo del arte teatral por los seguidores del “Sturm und Drang” - abundaban las expresiones de carácter violento. El argumento estaba referido a un caballero del siglo XVI, al que presentó como un abanderado de la resistencia popular a la autoridad política y religiosa alemana de su época; obra que es considerada una precursora de aquel movimiento literario, que encaminó el romanticismo alemán.

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Un año después, en 1774, Goethe publicó “Las tribulaciones del joven Werther”, un drama psicológico de estructura epistolar, especie de novela, en que volcó su apasionamiento de entonces Charlotte Kestner, que era la prometida de uno de sus amigos. En esta obra, expresó el conflicto del que se ha enamorado de la esposa de un amigo, exponiendo todo el pesimismo del amor imposible; tomando como motivo oportuno un suceso reciente que había constituído un verdadero escándalo social.

En “Werther” es presentado el proceso de creciente angustia psicológica a que se ve sometido el joven Werther a causa de su enamoramiento por una mujer que no podrá obtener, hasta caer en el suicidio. Es una obra en que el tema esencialmente pasional es tratado por Goethe con un estilo conciso y con una estructura sumamente prolija, llegando a presentar la vida interior de su personaje con un profundidad raramente alcanzada hasta entonces.

“Werther” significó en la literatura alemana el surgimiento de un estilo sumamente abierto hacia la interioridad del alma humana, en cierta medida similar a lo que significó “Hamlet”, en función de la peripecia de un individuo absolutamente singular, que es transportado por una avasalladora pasión hacia un destino trágico.

Con esa especie de confesión de la intimidad psicológica de su personaje - que incluso fue motivo de análisis por parte de los noveles estudiosos de la psicología y de la patología psíquica - “Werther” expuso a la sociedad de su época la exaltación extremada del sentimiento, frente a un sustento sumamente escueto en el terreno de los hechos que lo determinan.

El impacto que causó la aparición de “Werther” en la sociedad de su época, fue en cierto modo inesperado para el propio Goethe. Lo que pareció atraer fundamentalmente al público, fue el enorme pesimismo que emanaba de la novela; pero al mismo tiempo, la vestimenta con que era presentado el personaje, vestido de frac azul y sombrero negro, se convirtió en el atuendo de moda.

Lo novedoso - a diferencia de Hamlet y de “La nueva Eloísa” de Rousseau en que el destino trágico del personaje emerge de una secuencia de hechos y circunstancias exteriores a él - es la profundización psicológica con la que Goethe expuso el resultado del íntimo desarrollo de la tragedia de Werther, como consecuencia de su propio carácter, y de su propia exaltación del sentimiento amoroso. La novedad, para la sociedad de la época imbuída del racionalismo y de los modales refinados y corteses, la constituyó la revelación de la existencia de un mundo interior sustentado casi exclusivamente en la pasión, como hilo conductor de la peripecia del personaje.

Por ello, a pesar de que su estructura epistolar no coincide con la del relato que será característico de la novela, “Werther” constituye la piedra fundamental de este nuevo género literario, cuyo centro será la vivencia psicológica y humana de sus personajes, la presentación del individuo como el resultado de una unidad entre su intimidad más profunda y la expresión de los hechos y circunstancias de su vida.

Esta obra, le otorgó fama y admiración en el ambiente de los intelectuales afines al “Sturm und Drang”, y le hizo conocido y afamado en toda Europa, pasando a ser considerado como uno de los autores más representativos de la nueva corriente literaria exaltadora del sentimiento.

Pocos meses después, contando con 25 años de edad, realizó su primer esbozo de la que sería sin duda su obra más monumental, “La tragedia de Fausto”.

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En 1775, ya gozando de fama y generalizada consideración, Goethe fue llamado a la Corte del joven duque de Sajonia-Weimar, Carlos Augusto, recomendado por Herder, siendo desginado como Ministro de Guerra y Carreteras. A partir de entonces, Goethe fijó su residencia en Weimar. Allí comenzó a participar activamente en la vida de fiestas, diversión y voluptuosidad propia de la Corte, creándose una imagen de total frivolidad.

Definitivamente inclinado a las relaciones femeninas, en esta ocasión Goethe se enamoró de esposa de un oficial de Weimar Charlotte von Stein, , que ejerció sobre él una extraordinaria influencia intelectual, y entre otras cosas lo indujo a cultivar la religiosidad y provocó en él nuevas inspiraciones poéticas, inclinándose cada vez más a vincularse con la naturaleza.

La confianza que Goethe disfrutaba con el duque de Weimar, le llevó a ocupar cargos de cada vez mayor importancia; llegando durante una época a ser su consejero privado. Por esta época, se desarrolló en Goethe un ardiente impulso hacia el conocimiento científico, hacia la adquisición de lo que calificaba como “el sosiego y presentimiento de la sabiduría”. Se dedicó intensamente al estudio metódico y profundo de la anatomía, la botánica, la mineralogía y la geología, buscando descubrir en las armonías expuestas por sus lecturas de Spinoza y de Leibniz, las leyes últimas de lo que denominaba la polaridad y el crecimiento que ordenan las cosas.

Entre sus investigaciones, tal vez la más válida desde el punto de vista científico haya sido su Teoría de los colores, a desarrollar la cual se dedicó por décadas con notable resultado. Sus observaciones sobre la evolución de los seres vivos, en cierto modo fueron precursoras de la teoría de Darwin.

Se aplicó también a las investigaciones en el campo de la naciente ciencia química, la alquimia tradicional, de lo cual existe trasunto en su “Fausto”. En el segundo acto de esta obra, el asistente de Fausto, Wagner, aparece trabajando en una fórmula secreta de Paracelso cuyo objetivo es la creación del homúnculo, que llega a lograr. El homúnculo era un hombrecillo creado artificalmente, que supuestamente podría crearse para utilizarlo en el servicio personal, como el factótum o hacedor de cosas, una especie de sirviente o secretario personal.

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Existen serias indicaciones de que Goethe integró la masonería, a la que también perteneciera el duque de Weimar. Según la versión de un libro histórico de la masonería alemana, Goethe habría ingresado a una logia en junio de 1780, cuando contaba 31 años de edad. Según otra versión - atribuída a documentos obtenidos luego de la Guerra Mundial II - en el mes febrero de 1783 se habría afiliado a la logia denominada “Orden de los iluminados”, una sociedad masónica fundada en Alemania en 1776.

Al parecer, Goethe llegó a ser elegido “Maestro” de la masonería en 1782, conjuntamente con el duque Carlos Augusto.

En 1830, dos años antes de su muerte, Goethe compuso un poema titulado “Para la Fiesta de San Juan de 1830”, en ocasión de celebrarse su cincuentenario como miembro de la masonería.

A su condición de masón, así como a otras aficiones que al parecer cultivó, se atribuye influencia en su obra, especialmente en “Fausto”.

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En 1786, impulsado a alejarse de Weimar a causa de la frustación de su amor, y movido por un creciente interés en la antigüedad clásica, Goethe viajó a Italia; donde visitó diversas ciudades entre ellas Nápoles y algunas de Sicilia, yendo finalmente a radicarse en Roma; de donde regresó a Weimar dos años después.

En Italia, Goethe se sintió vivamente impactado por la obra de Johann Joachim Winkelmann (1717-1768) “Historia del arte de la Antigüedad”, donde expone su concepto de que la mayor realización de la belleza y el ideal humano fue el arte y la civilización de la Grecia clásica. Esa obra influyó en Goethe de una manera decisiva para su futura actitud artística.

El viaje a Italia marcó para Goethe una nueva etapa de su proceso vital. Pareció convencido de que su vida era una sucesión de etapas, tanto conformadas por la secuencia de sus grandes amores femeninos, como por los procesos de su intelecto, desde el cultivo inicial del estilo Wieland, pasando por el descubrimiento de Shakespeare y su apasionamiento del “Sturm und Drang” cuyas posibilidades había agotado en “Werther”, y su incorporación a la Corte de Weimar.

Sin que represente una ruptura total con sus antecedentes, Goethe adoptó una concepción propia del clasicismo; asignándole un contenido en que lo consideró no sólo como un factor referido a la forma, sino principalmente vinculado a un contenido psicológico y anímico - en el sentido de alma - que constituye el elemento más profundo y universal de la humanidad considerada como un todo, como una unidad.

Se sintió impulsado hacia la búsqueda de una forma de vida que, a partir de la pureza y la sencillez, elevara al hombre hacia la posesión del conocimiento de lo eternamente valedero, alcanzando no solamente una imagen de la individualidad identificada por sus características propias; sino los tipos humanos de validez permanente, en que los componentes accesorios no signifiquen la pérdida de una fundamental unidad ética.

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A partir de ese viaje, la obra de Goethe asumió la cualidad que algunos de sus contemporáneos calificaron como olímpica; no por la connotación desdeñosa actualmente asignada a esa expresión, sino por su ligazón con la antigüedad clásica en sus profundos temas filosóficos.

A medida que aumentaba su edad, Goethe iba tornándose cada vez más taciturno y sintiendo con mayor peso sus cada vez mayores responsabilidades como funcionario de la Corte. Al mismo tiempo que postulaba la serenidad como ideal de vida, asumió en su vida privada en Weimar una tendencia cada vez más inclinada a la soledad, rehuyendo del mundanismo de la Corte, apartándose de concurrir a eventos sociales o culturales.

Se convirtió para el público en el solitario olímpico de Weimar; en tanto su antigua popularidad se dispersaba y se orientaba hacia el estilo de Schiller, que sigue fiel al patetismo del “Sturm und Drang”; sin que ello fuera origen de mayores preocupaciones para Goethe.

Su nuevo estilo de vida casi ermitaño, no le impidió convivir con su joven criada de origen plebeyo, Cristiana Vulpus, con la cual tuvo un hijo en 1789; y terminó casándose con ella, en 1806, luego de 17 años de vida en común, pese a la desaprobación de la sociedad weimarana. De 1781 a 1813 ocupó la dirección del teatro ducal, lo que le permitió permanecer en Weimar a pesar del ambiente adverso que su situación familiar suscitaba, y continuar asimismo con sus investigaciones científicas.


Entre otras obras que evidencian la influencia de su periplo italiano, se encuentra en su drama en verso “Ifigenia en Táuride” que fuera representada el 6 de abril de 1779 con la actuación del propio Goethe en el papel de Orestes.

Se trata de una obra de ambiente griego clásico y de carácter épico, cuyo protagonista se impone a las fuerzas de su destino, logrando resistir la tentación de una mentira ventajosa para alcanzar la capacidad de sufrir a causa de otros, por amor y por respeto a la verdad.

Otra obra que responde al mismo proceso es “Torcuato Tasso” - un drama psicológico también escrito en verso - en que un genio de la poesía se encuentra sujeto a los impulsos contrapuestos entre sus propias aspiraciones hacia los niveles más elevados del espíritu, y las exigencias y condicionamientos de la sociedad en que vive; obra a que se atribuye un sentido muy ligado a la propia vivencia personal de Goethe.

La orientación “clasicista” en su personal concepción, impera también en sus obras posteriores, entre las cuales se destaca “Hermann y Dorotea”, donde presenta una visión noble y de grandeza espiritual de la vida en el ambiente mediocre de la sociedad de su tiempo.

En “Las afinidades electivas” trató el tema de las relaciones matrimoniales, aplicando lo que sus críticos denominan un realismo estilizado.

En “Años de aprendizaje de Wilhelm Meister” presentó el tema de la formación del carácter, siendo esta una obra que es considerada un modelo de novela.

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Esta obra se vincula con otra rama de sus inquietudes emergentes de su pasaje por Italia, la pedagogía; que guarda asimismo relación con sus funciones en Weimar, como director de instituciones de enseñanza.

Al tratar del tema de la educación, Goethe emplea una palabra alemana (Bildung) traducible por formación. Considera, así, que la educación comprende a la vez que el acto de enseñar, el contenido de la enseñanza impartida, y también el resultado, que debe ser conducente a la constitución de una personalidad a la vez humana y disciplinada, donde el individuo se reconozca plenamente a sí mismo como ser natural, al tiempo que sea capaz de captar la grandeza de la naturaleza que integra, asumiendo una actitud de humildad y respeto frente a ella.

Al respecto, Goethe escribió: “Cuanto más sientas que sólo eres un hombre, más te acercarás a los dioses; sentirás cómo todo se dirige hacia el conjunto, cómo cada uno vive y obra para los demás”.

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El más apasionado y fiel representante del “Sturm und Drang” fue sin duda Friedich Schiller (1759-1805). Sus motivantes principales fueron la idea de libertad y de la libre voluntad moral, impulsantes del patetismo revolucionario. Sustentaba el ideal del alma hermosa, en que al igual que en todo arte verdadero, se armonizaban los componentes de la naturaleza con la ley moral; lo que, a través del camino del “Sturm und Drang” le condujo a una concepción clasicista de la vida y del arte absolutamente afin a la que sustentara finalmente Goethe.

Schiller y Goethe sostuvieron una estrecha amistad a partir de 1794, que se prolongó activa por unos once años, hasta la muerte de Schiller en 1805, en los cuales cada uno recibió del otro una importante influencia creadora.

Fue Schiller quien en forma persistente instó a Goethe a que finalizara la primera parte de su “Fausto”, que finalmente se publicara en 1808; despertando nuevamente su interés por la literatura, que había dejado bastante de lado a causa de su afición a las actividades científicas.

Schiller editaba un periódico literario llamado “Las horas”, en el cual Goethe publicó algunas de sus obras, entre ellas un grupo de poemas amorosos producto de su vínculo con Cristina Vulpus, bajo el nombre de “Elegías romanas” (1795).

Ya en el ocaso de su vida, abordó Goethe la segunda parte de “Fausto”, que en definitiva se publicó en 1832, luego de su muerte. Escrita durante varios años, concomitante con su proceso de maduración, la primera parte trasunta en alguna forma los cambios que fueron operándose en el estilo de su autor.

Pero en la segunda parte, los aspectos estilísticos pasaron a un segundo plano, dominados ampliamente por la interpretación espiritual y simbólica de las imágenes que presenta. El Goethe anciano del segundo “Fausto”, no se preocupaba mayormente de la estructura dramática de sus escenas ni las presentación formal de su arte; sino que, superados desde su perspectiva "olímpica" los dilemas anteriores, atendía a la parábola en que hasta aquellas cuestiones que le aparecían como más incomprensibles le resultan palpable realidad.

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Ya octogenario, Goethe dictaba a cuatro escribientes, desde la madrugada. Convertido en director de varios centros de enseñanza, abarcaba infatigable desde sus asuntos más cotidianos hasta sus contenidos docentes; preocupándose de organizar las materias científicas como de mantenerse estrictamente al tanto de todas las corrientes literarias nacionales y extranjeras.

Estas últimas, eran leídas siempre en sus idiomas originales, ya se tratara del inglés Lord Byron al que admiraba, del italiano Manzoni que fuera su protegido, del francés Victor Hugo cuya novela “Nuestra Señora de París” - la del célebre Jorobado de Notre Dâme - le despertara singular interés, o del también francés Stendhal a cuya obra “Le rouge et le noir” asignara precursora importancia.

En sus últimos años, la casa de Goethe - hoy museo en Weimar - era frecuentada por personajes de la talla de Beethoven, Emerson, Carlyle, Humbolt, Fichte, Madame de Staël, Schopenahuer y muchos otros; todos los cuales le rendían especial veneración, cuando su persona era a la vez historia y actualidad.

Así, vivió Goethe la última etapa de su vida, en la permanente actitud de sus personajes más trascendentales, Fausto y Guillermo Meister. En una permanente búsqueda de armonizar la sensibilidad con el raciocinio; buscando explorar todos los aspectos de la vida y del alma humana hasta sus máximas profundidades.

Preocupado en su pensamiento, en su obra y en su labor funcional, tanto por alcanzar la compensión del núcleo central del saber como de sembrarlo como la semilla de la educación de ulteriores generaciones, buscando la suprema armonía de la conciencia y la naturaleza humanas; Goethe sintetizó un ideal en el coro que cantaban los ángeles al recoger el alma de Fausto: “Sólo puede ser salvado aquel que se esfuerza siempre con sus anhelos”.

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La vida de Goethe transcurrió durante la época en que tuvo lugar la Revolución Francesa y sus consecuentes Guerras Napoleónicas. Tenía aproximadamente 20 años cuando la Bastilla cayó en manos del populacho parisino, y todavía vivió tres lustros después de la derrota final de Napoléon en Waterloo. Su actitud frente a esos acontecimientos políticos fue bastante prescindente, no siendo partidario de la unificación nacional alemana, sino del mantenimiento del sistema de los principados.

Fue una época poco propicia al romanticismo hasta cierto punto afeminado del “Sturm und Drang”, y a los puros ideales clasicistas que principalmente Goethe y Schiller habían extraído de él, en medio de los crecientes arrebatos nacionalistas, de las balbuceantes concepciones democráticas, y de la dispersión y utopía que pululaban en el mundo de las ideologías políticas.

Para apreciar lo trascendental de la época de Goethe en Alemania, es preciso atender a que fueron sus contemporáneos Mozart, Beethoven, Schiller, Kant, Lessing, Fichte, Hegel, Humbolt, el propio Herder.

Durante su vida, llegó a alcanzar general reconocimiento, no solamente como artista sino como persona. Frecuentó el trato con todas las personalidades destacadas de su época en Alemania y en buena parte de Europa; y llegó a ser venerado en vida como el sabio de Weimar. También se le mencionaba frecuentemente como el más humano entre los hombres.

Cuando todavía no había alcanzado a los 40 años de edad, Friedrich Schiller escribió de él que era todavía más admirable como hombre de lo que lo era como escritor.

A la edad de 60 años, fue recibido en audiencia especial por Napoléon Bonaparte, quien lo recibió con la expresión “Hé aquí un hombre”.

Goethe representa en buena medida la conjunción de un ideal humanista - en el sentido de captación del valor individual en su integración al mundo natural como un ideal moral - que contemporáneamente también expusieron desde distintas perspectivas, su mentor Herder con sus “Ideas sobre la filosofía del género humano” y desde el racionalismo Lessing que contemporáneamente con la “Ifigenia en Táuride” publicó “La educación del género humano”.

El célebre científico Wilhelm von Humbolt, sintetizó ese ideal señalando que “La verdadera finalidad del hombre es la más alta disposición consciente de sus fuerzas hacia un conjunto.” Sin embargo, estos conceptos, enunciados con un sentido altamente ético y filosófico, encerraban un germen que sería luego cultivado por las concepciones totalitarias que erigieron los valores nacionalistas y del Estado, por encima de los de la libertad individual; a pesar de que esta última era en definitiva el supremo valor hacia que apuntaban tanto Goethe como sus más destacados contemporáneos.

En el ambiente intelectual de su época, existía una gran inclinación hacia la búsqueda del verdadero sentido profundo de la vida. Las más trascendentales inquietudes espirituales y filosóficas fueron elaboradas por Goethe y transferidas a sus obras, especialmente a su personaje de Fausto; obra de la cual llegó a realizar dos versiones, la segunda varias décadas posterior a la primera. Su obra literaria y poética, con ser una gran realización desde el punto de vista estético, se encuentra imbuída de contenidos intelectuales sumamente elaborados, al punto de que muchas veces resulta necesario un estudio detenido y muy detallado para alcanzar a percibir la sutileza de algunos de sus temas. Los propios personajes - especialmente el de Fausto y el de Mefistófeles - no solamente constituyen protagonistas sino en buena medida son símbolos de caracteres humanos típicos y de complejas concepciones filosóficas.

En cierta manera, la obra de Goethe sintetiza, en una presentación sumamente elaborada y compleja, todas las inquietudes intelectuales de su época que, a la vez, fue una época en que esas inquietudes alcanzaron uno de los momentos de mayor profundidad en la historia del pensamiento humano, y en que se replantearon en forma particularmente intensa los grandes principios éticos y los fundamentos mismos del ser del individuo humano.

En el último tercio del siglo XVIII, el medio intelectual europeo fue el de la Ilustración, que tuvo gran influencia en Alemania, donde un grupo muy importante de personalidades, poetas, pensadores, ensayistas, hicieron destacar la cultura alemana como centro de la cultura europea; llevando a que se calificara al pueblo alemán como pueblo de poetas y pensadores.

Había surgido una reacción contra el racionalismo, en cierto modo encabezada por Rousseau, con su postulado de retornar hacia la Naturaleza. El cuestionamiento del culto de la razón, había sido establecido firmemente en Inglaterra, donde la obra de Shakespeare había despertado el entusiasmo por sustituir ese culto de la razón en la obra literaria y poética, por un fuerte predominio del sentimiento y la individualidad.

Goethe - que en sus primeros intentos poéticos había seguido a Wieland y su modelo del rococó - recogió las ideas de Herder en sus “Fragmentos sobre la literatura alemana moderna” y en su ensayo titulado “Sobre el estilo y el arte alemán” verdadero manifiesto del “Sturm und Drang”, al que se dice que Goethe contribuyó a elaborar; exponiendo sus conceptos del impulso creador del artista, como una manifestación de la individualidad a través de sus sensaciones, su inspiración, las visiones de la intuición y la influencia del amor. Para él, lo esencial de la poesía consiste en una emancipación del espíritu, una especie de confesión íntima.

Estas concepciones acerca del motor del arte poético y literario, encajaban sin duda con las inquietudes políticas de la época que precedió a los grandes acontecimientos de la Revolución francesa y el movimiento nacionalista y unificador alemán. Especialmente en Alemania - dividida desde el punto de vista de su organización política en diversos principados y ducados, cada uno con su pequeña Corte - la corriente nacionalista germánica apostrofaba el afrancesamiento del arte y el culto a los artistas y pensadores extranjeros. Cuando una nueva generación de intelectuales proclamaba que el sentimiento lo es todo, y postulaba la sustitución de las elucubraciones racionales al estilo de Voltaire por el encumbramiento del pathos, de la vibración emocional, estaba cultivando el campo para una valoración de los componentes emocionales del nacionalismo alemán.

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